Buscás algo en Google y los primeros cinco resultados son anuncios, después viene un párrafo escrito por una IA que no entendió la pregunta, y la respuesta que de verdad servía está enterrada en el puesto trece de los resultados. Abrís Instagram para ver la foto del viaje de un amigo y la app prefiere mostrarte publicidad de comida y el reel de un desconocido haciendo abdominales. Querés ver una serie en una plataforma por la que pagás y, sorpresa, ahora también tenés tandas publicitarias.
No es que te estés poniendo viejo ni gruñón. No es tu percepción. Tiene nombre, tiene una mecánica predecible, y hasta fue elegida palabra del año.
Qué es la “mierdificación” y quién le puso el nombre
El término lo acuñó el escritor canadiense Cory Doctorow en 2022: enshittification. En español quedó como “mierdificación” o, en su versión más formal, “decadencia de plataformas”. La American Dialect Society la eligió palabra del año en 2023 y el diccionario australiano Macquarie hizo lo mismo en 2024, así que no es una puteada de cancha: es un concepto con apellido académico.
La definición corta: el deterioro progresivo de un servicio digital, no por accidente ni por dejadez, sino como consecuencia directa de la búsqueda de más ganancias. La plataforma no se rompe sola. La rompen a propósito. No satisfacen a sus usuarios, sino a los intereses de los accionistas.
Cómo muere una plataforma, en cuatro actos
Doctorow describe el proceso como quien estudia una enfermedad, con sus fases bien marcadas:
- Primero son buenas con vos, el usuario. Precios bajos, sin publicidad, todo funciona bien. Te enganchan y se hacen indispensables.
- Después te exprimen a vos para beneficiar a las empresas que pagan. Tu feed se llena de contenido patrocinado (publicidad directa o encubierta), los resultados orgánicos desaparecen.
- Después exprimen también a esas empresas. Les cobran comisiones cada vez más altas, reglas que cambian de un día para el otro.
- Finalmente, queda todo convertido en una pila de mierda, o basura. Como le quieras llamar
Los ejemplos están a la vista. Amazon llegó a quedarse con comisiones de hasta el 45% del precio de un producto en 2023, y sus búsquedas son hoy un mar de anuncios. Uber arrancó más barato que el taxi y terminó saliendo más caro y le pagan muy poco a los conductores. Reddit y Twitter (hoy X) cerraron sus APIs y se cargaron a las aplicaciones de terceros. Netflix persiguió las cuentas compartidas y metió publicidad en los planes pagos. Casi todos los servicios de internet te cuestan un abono para usar sus mejores funciones. El patrón es siempre el mismo.
Y como diría Discépolo casi un siglo antes de que existiera Instagram, “el mundo fue y será una porquería”. El tipo no sabía de algoritmos, pero la intuición la tenía afinada.
Por qué pasa: las cuatro murallas que se rompieron
Lo interesante no es que las empresas sean codiciosas (siempre lo fueron), sino que antes había frenos y ahora no. Doctorow identifica cuatro:
- La competencia, erosionada porque cuatro empresas se comieron a todas las demás. (Google, Amazon, Meta, Microsoft)
- La regulación, demasiado débil para ponerles límites.
- La piratería y tus propias herramientas, como los bloqueadores de anuncios, que funcionan (por ahora) en los navegadores.
- El orgullo profesional de quienes hacían los productos, disuelto a fuerza de despidos masivos.
Con las cuatro murallas caídas, nada contiene la marea de mierda inundando nuestras vidas digitales. La IA generativa, encima, es el acelerador perfecto: llena todo de contenido berreta, resúmenes inexactos y música falsa que nunca se va a quejar de cuánto le pagan.
El detalle que te toca a vos como profesional
Acá viene la parte que a un abogado le tendría que erizar la piel. Vos no solo usás estas plataformas para distraerte: trabajás sobre ellas. Tu correo, tus documentos, tu nube, tu procesador de texto, cada vez más tus herramientas de IA. Todo eso es infraestructura crítica de tu estudio profesional.
El economista Yanis Varoufakis lo llama “tecnofeudalismo”: las grandes plataformas son los nuevos señores feudales y vos sos el siervo que alquila la tierra para poder trabajar. Mientras todo funcione, perfecto. El problema es el día que el señor feudal decide subir el alquiler, cambiar las reglas o, directamente, cerrarte el acceso. Si tu vida profesional vive entera dentro de un ecosistema cerrado, no tenés plan B: tenés dependencia.
La buena noticia: hay quien está reaccionando
No todo es derrotismo. La novedad es que Europa decidió dejar de aguantar.
Noruega presentó un plan concreto contra la mierdificación: obligar a la interoperabilidad, financiar software libre, proteger los bloqueadores de anuncios y empujar estándares abiertos. Y mandó cartas a catorce países, Estados Unidos incluido, para que hagan lo mismo.
La Unión Europea va en la misma dirección con su paquete de “soberanía digital”. El caso más fuerte es Francia: su Dirección Interministerial de lo Digital está abandonando Windows y migrando a Linux, y unos 80.000 agentes de su seguridad social ya están pasando a herramientas propias y abiertas (un sustituto de WhatsApp, otro de WeTransfer, otro de Microsoft 365). En paralelo, un grupo de empresas europeas (IONOS, Nextcloud, Proton y compañía) está armando Euro-Office, una alternativa de código abierto a Microsoft Office pensada para no quedar bajo jurisdicción estadounidense.
La idea de fondo es simple y vale para cualquiera, también para tu estudio: no atarse a un solo dueño. Priorizar herramientas abiertas cuando se pueda, tener tus datos siempre exportables, no poner todos los huevos en la misma canasta corporativa.
Doctorow lo resume con una frase que es casi un teorema: cuanto menos miedo tienen las empresas a la competencia, más se mierdifican. Traducido a tu escritorio: cuantas más opciones reales tengas, menos te pueden cagar.
¿Ya sentiste en carne propia cómo una herramienta que usabas para trabajar empeoró de golpe? ¿Estás probando alternativas abiertas en el estudio? Contámelo a nododelta@gmail.com, que el tema da para una segunda parte bien práctica.
Más lectura
- Xataka, La mierdificación de internet está en todas partes y parece inexorable e inevitable. Noruega no está de acuerdo
- Perfil, Enshittification: el mundo es una porquería, ya lo dijo Discépolo y ahora el Financial Times
- El País, ‘Enshittification’ reaches social media: ‘For Zuckerberg and Musk, your friends are a burden. They just want you to see ads’
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- Wikipedia, Enshittification (inglés) / Decadencia de plataformas (español)






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