¿La IA nos está ayudando o nos está atrofiando el cerebro?

La promesa era clara: la inteligencia artificial nos iba a hacer más productivos, más rápidos, más eficientes. Y en muchos sentidos lo está cumpliendo. Pero mientras incorporamos estas herramientas a nuestra rutina diaria — para redactar, resumir, investigar, decidir — los primeros estudios serios están mostrando algo incómodo para algunos, y que la mayoría desconoce o directamente calla.

Usamos la IA para pensar menos. Y pensar menos tiene consecuencias que podrían ser nefastas.

La deuda cognitiva

Un equipo del MIT Media Lab le puso nombre al problema: deuda cognitiva. En un estudio de 2025, monitorearon la actividad cerebral de personas que escribían ensayos con ChatGPT, con Google, y sin ayuda. Los que usaron ChatGPT mostraron la conectividad cerebral más débil y el peor desempeño cuando les sacaron la herramienta. El LLM les ahorraba esfuerzo en el momento, pero a costa de ejercitar menos su propio pensamiento.

Otro estudio de 2025 (“Your Brain on ChatGPT“), controlado con 120 universitarios, encontró algo más concreto: a los 45 días, los que habían estudiado con ChatGPT retuvieron un 57% del material, contra un 68% del grupo que estudió sin IA. Y lo más llamativo: el grupo ChatGPT había dedicado 45% menos tiempo a estudiar. La herramienta no solo reemplazó el esfuerzo — reemplazó el aprendizaje. (el artículo se refiere a “muleta cognitiva” que es un término excelente)

Si te suena abstracto, pensá en el GPS. Un estudio publicado en Nature demostró que a mayor uso de GPS, peor memoria espacial — no porque la gente con mala orientación use más GPS, sino porque cada vez usamos menos la capacidad de orientarse y eso nos atrofia. Lo mismo podría estar pasando con la IA y nuestra capacidad de razonar. ¿Quién tiene razón?

El que más tiene, más gana

Hay otro ángulo que le importa especialmente a cualquier profesional. La IA no está distribuyendo sus beneficios de forma pareja.

Una encuesta de Anthropic a más de 80.000 usuarios reveló que el 80% de los trabajadores senior perciben que capturan las ganancias de productividad de la IA — contra solo el 60% de los que recién arrancan. Los juniors no solo ganan menos con la IA: tienen más miedo de ser reemplazados por ella.

Y tiene lógica. Si la IA te ayuda a hacer más rápido lo que ya sabés hacer, el que ya tiene experiencia la aprovecha mejor. Pero si sos nuevo y la IA hace el trabajo que vos necesitabas hacer para aprender… ¿en qué momento aprendés? El Swiss AI Institute lo llama “the entry-level squeeze”: la IA está comprimiendo los primeros peldaños de la escalera profesional, justo donde los recién llegados necesitan equivocarse, trabarse y resolver para formarse. Y se suma a otro problema generacional: cada vez dedicamos menos tiempo a formarnos profesionalmente y a capacitar a otros colegas, especialmente en las grandes empresas. La IA podría empeorar esta tendencia: para muchos, hoy es preferible entrenar un agente de IA que a una persona real recién ingresada a la empresa. Después de todo, la IA es fiel mientras pagues el abono y no se va a trabajar para la competencia.

Para los abogados, esto debería encender una alarma. Si un escribiente en un juzgado o un recién recibido usan IA para redactar un escrito o providencia sin entender por qué cada párrafo dice lo que dice, ¿qué clase de abogado va a ser en diez años?

¡Ah, Pero Sócrates dijo lo mismo de la escritura!

Antes de entrar en pánico: este miedo no es nuevo. En el Fedro, Platón cuenta que Sócrates criticaba la escritura con un argumento idéntico al de hoy — iba a “crear olvido en los aprendices” al fomentar la dependencia de registros externos en vez de la comprensión genuina y el debate oral, su gran amor. La ironía: conocemos esa crítica porque Platón la escribió (o la mandó a escribir, nunca lo sabremos)

Cada tecnología nueva — la imprenta, la calculadora, Google — generó el mismo temor. Y sin embargo, no nos volvimos más estúpidos con la escritura. Pero la informática nos deja una sensanción distinta. ¿Cuántas veces escuchaste decir que los niños no saben hacer cuentas en su cabeza porque tienen una calculadora en la mano?

Un estudio de Harvard y BCG con consultores que usaron GPT-4 encontró que las personas ayudadas con IA completaron más tareas, más rápido y con mejor calidad. Los de menor rendimiento previo mejoraron un 43%. La IA puede ser un nivelador — si se usa para pensar mejor, no para dejar de pensar. Es un fino equilibrio, muy apto para romperse apenas cambie el balance.

Entonces, ¿nos ayuda o nos está matando?

Probablemente las dos cosas, dependiendo de cómo la uses. Si delegás todo — la redacción, el análisis, el criterio — estás tomando un crédito cognitivo que vas a tener que pagar. Si la usás para potenciar lo que ya sabés y para llegar más lejos, es la mejor herramienta que te tocó en la vida. Y el momento de aprender es ahora. En uno o dos años el que se quedó afuera no vuelve más.

La pregunta incómoda para cada uno de nosotros no es si la IA es buena o mala. Es: ¿estoy usándola para pensar más, o para pensar menos?


¿Te hiciste esa pregunta alguna vez? ¿Notás que tu forma de trabajar cambió desde que empezaste a usar IA? Escribime a nododelta@gmail.com — me interesa tu experiencia.

Referencias y lectura adicional: